La paradoja de la transformación corporativa
Para 2025 se superaron los 70 mil millones de dispositivos conectados. La convergencia entre tecnologías de información y tecnologías de operación, sumada a la adopción acelerada de inteligencia artificial, ha expandido la superficie de ataque de las organizaciones a una velocidad que los controles tradicionales no alcanzan a cubrir.
El riesgo digital
La convergencia IT/OT e IA amplían exponencialmente los puntos de entrada. Un ransomware ya no significa unos días sin correo: paraliza infraestructuras críticas y deja secuelas operativas que se miden en años de recuperación, no en horas.
El impacto físico
Lo que rara vez se contabiliza es la otra cara. Los incidentes cibernéticos provocan fallas de suministro, derrames químicos y desperdicio masivo de energía. Y el hardware que se retira apresuradamente tras un incidente, o que se sustituye sin un proceso de fin de vida útil, anula directamente las metas de sostenibilidad de la empresa.
Una organización puede tener una estrategia ESG impecable en el papel y destruirla con la forma en que gestiona sus activos tecnológicos.
Por qué se resuelven juntos
Los controles de gestión de activos que exige una norma como ISO 27001 son, en la práctica, los mismos que sostienen un programa de economía circular auditable: saber qué equipos existen, quién los usa, qué datos contienen y cómo terminan su ciclo de vida. Tratarlos como dos proyectos separados duplica el esfuerzo y deja huecos en ambos.
Esa es la premisa de la que parte nuestro modelo: la resiliencia corporativa no se construye por partes.